Brasil atraviesa una expansión acelerada de la llamada “uberización” del trabajo, un fenómeno que refleja la creciente dependencia de las aplicaciones digitales como fuente de ingresos. Cerca de dos millones de personas, en su mayoría hombres, trabajan a tiempo completo para plataformas de transporte y reparto, según investigaciones gubernamentales citadas por Financial Times.
La cifra representa aproximadamente el 2% de la fuerza laboral del país y registró un crecimiento del 37% en apenas tres años. Para una parte importante de estos trabajadores, las aplicaciones se convirtieron en una alternativa ante la dificultad de acceder a un empleo formal.
El fenómeno se desarrolla en un contexto marcado por las grandes distancias urbanas, las deficiencias del transporte público, los salarios bajos y una amplia proporción de trabajadores sin contratos formales.
Un mercado laboral cada vez más dependiente de las aplicaciones
Brasil se consolidó como uno de los mercados más importantes para Uber. Según los datos citados en el informe, sus habitantes realizan más viajes mediante la plataforma que los usuarios de cualquier otro país, y cerca del 85% de los adultos brasileños utilizó la aplicación al menos una vez.
São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte aparecen habitualmente entre las cinco ciudades con mayor actividad de Uber a nivel mundial.
El economista Daniel Duque calculó que, en Río de Janeiro, el 10% de los hombres de entre 25 y 29 años trabaja para aplicaciones, frente al 7% registrado en São Paulo.
Para el especialista, estas plataformas funcionan como una red de contención social frente al desempleo. Según su análisis, la economía de aplicaciones habría reducido la tasa general de desocupación en aproximadamente un punto porcentual.
Sin embargo, esta alternativa no elimina los problemas estructurales del mercado laboral: permite obtener ingresos con relativa rapidez, pero suele implicar jornadas más extensas y una menor estabilidad económica.
Trabajar más horas para ganar menos
La experiencia de Rafael Antunes, un conductor de 52 años de Río de Janeiro, refleja las dificultades que enfrentan quienes dependen de estas plataformas. Después de trabajar durante dos décadas como camionero, perdió su empleo hace dos años y comenzó a conducir para Uber.
Antunes contó que sus ingresos actuales pueden llegar a ser apenas la mitad de lo que ganaba anteriormente. También señaló que, a su edad, encuentra pocas alternativas laborales.
Otros trabajadores, en cambio, utilizan las aplicaciones como una opción temporal. Klebson Vitorino, de 23 años, dejó su puesto como operador de imprenta en São Paulo para conducir mientras ahorra dinero con el objetivo de estudiar ingeniería agronómica.
Carlos Ribeiro, conductor de Uber Black en São Paulo, destacó la flexibilidad que le permite organizar sus horarios y atender las necesidades de sus hijos.
Pero esa libertad puede reducirse con el tiempo. Leandro Cruz, dirigente sindical de conductores de aplicaciones, advirtió que los gastos por averías y accidentes pueden deteriorar los ingresos y obligar a muchos trabajadores a trabajar los siete días de la semana.
Los datos muestran una tendencia similar: la ventaja salarial que estos trabajadores tenían frente al promedio del sector privado se redujo, mientras que sus jornadas semanales son 5,4 horas más largas que las del empleo convencional.
El malestar económico y sus consecuencias políticas
La expansión de este modelo también se vincula con el descontento económico de una parte de la población brasileña.
Una encuesta de Quaest realizada en septiembre indicó que el 49% de los consultados consideraba que la economía había empeorado durante el último año, mientras que apenas el 19% percibía una mejora. El endeudamiento de los hogares constituye otro factor de preocupación: más del 80% de las familias brasileñas tiene deudas personales, en un contexto de tasas de interés elevadas.
Para el economista Guilherme Klein Martins, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, la dependencia del trabajo por aplicaciones contribuyó a alimentar un sentimiento de frustración que se acumula desde hace tiempo.
Algunos analistas describen esta situación mediante el término vibecession, que alude a la distancia entre los indicadores económicos y la percepción negativa que tienen los ciudadanos sobre su situación.
El malestar también se refleja en el escenario político. Según el análisis citado en el artículo, las preocupaciones económicas forman parte de los factores que ayudan a explicar el desempeño electoral del senador Flávio Bolsonaro frente al presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Un cambio profundo en la forma de trabajar
La expansión de las aplicaciones también representa una transformación cultural. El empleo independiente y la posibilidad de organizar los propios horarios ganan terreno frente a un modelo tradicional basado en puestos formales, empresas y sindicatos.
Mansueto Almeida, exfuncionario del Ministerio de Hacienda y actual economista jefe de BTG Pactual, resumió el cambio al señalar que, décadas atrás, el primer empleo de muchos jóvenes solía estar en la industria, mientras que ahora es cada vez más probable que comiencen trabajando para una aplicación.
La “uberización” ofrece una salida inmediata para quienes necesitan ingresos, pero también expone una contradicción: más personas encuentran una fuente de trabajo, aunque muchas deben dedicar más horas para obtener ingresos menos estables. El desafío para Brasil consiste en determinar hasta qué punto este modelo puede sostener el empleo sin profundizar la precariedad laboral.
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