La violencia entre adolescentes adoptó nuevas formas que pueden extender el acoso mucho más allá del ámbito escolar. La difusión de videos íntimos sin autorización, la exclusión de grupos de mensajería, el grooming y la creación de contenido sexual mediante inteligencia artificial son algunas de las prácticas que preocupan a los especialistas por sus consecuencias sobre la salud mental.
La psiquiatra infantojuvenil Silvia Ongini, del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), analizó esta problemática a partir de la denuncia de una familia de Catamarca. Su hija habría sufrido insultos, empujones y comentarios relacionados con un video íntimo durante su viaje de egresados a Bariloche.
Según el relato de sus padres, el material circulaba entre compañeros desde abril y la adolescente tomó conocimiento de su difusión en junio. A partir de esa situación, dejó de asistir regularmente a la escuela y comenzó a cursar de manera virtual.
La difusión de imágenes íntimas y sus consecuencias
Ongini explicó que durante la adolescencia todavía se están desarrollando capacidades vinculadas con la evaluación de riesgos y las consecuencias de las decisiones. Por eso, advirtió que compartir una imagen o un video puede tener consecuencias que quienes participan no siempre alcanzan a dimensionar.
La especialista fue contundente respecto de la difusión de material íntimo sin autorización: “Si no hay consentimiento es un delito y es un abuso”, sostuvo.
En el caso de la joven catamarqueña, sus padres denunciaron que varios compañeros participaron en la circulación del video y que, durante el viaje de egresados, un grupo de chicas la insultó y realizó comentarios sobre el material y su cuerpo. También afirmaron que le arrojaron una bebida en un boliche.
La familia había preparado el viaje durante dos meses con acompañamiento psicológico y psiquiátrico para que la adolescente pudiera participar de la experiencia junto a sus compañeros, pese a un cuadro previo de ansiedad, depresión y angustia.
La situación volvió a quedar expuesta después del regreso, cuando se difundió una grabación que, según la madre, respaldaba parte de lo que su hija había contado.
El papel de los adultos frente al ciberbullying
Para Ongini, la respuesta del entorno es determinante cuando un adolescente atraviesa una situación de violencia. La especialista remarcó que la intervención debe ser rápida, empática y sostenida, y que no alcanza con actuar únicamente sobre quien agrede.
“Lo que sabemos científicamente es que la primera respuesta del entorno cambia el pronóstico”, afirmó.
La médica también señaló que el hostigamiento suele sostenerse por la validación del grupo. En ese sentido, consideró necesario trabajar con quienes presencian las agresiones y guardan silencio, ya que su participación o indiferencia puede contribuir a mantener las relaciones de poder dentro de un curso.
Una de las modalidades actuales de acoso es el aislamiento digital, por ejemplo, bloquear deliberadamente a un compañero de los grupos de mensajería. Estas prácticas pueden profundizar la exclusión social y afectar la confianza de quienes las padecen.
Durante una movilización realizada en Catamarca, una adolescente cuestionó la falta de intervención de compañeros, docentes y autoridades. También insistió en que la responsabilidad de la agresión no debe recaer sobre la víctima.
Salud mental adolescente: cifras que generan preocupación
El impacto de estas situaciones se produce en un contexto de preocupación por el bienestar emocional de niños y adolescentes.
De acuerdo con el último informe del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires citado en el debate, las internaciones por riesgo suicida aumentaron un 15% entre 2023 y 2025. El 72,4% correspondió a mujeres y el 50,6% involucró a adolescentes de entre 13 y 15 años.
Ongini advirtió que la violencia digital puede afectar la confianza en uno mismo y en los demás, incluso cuando no existe contacto físico. También señaló que algunos adolescentes encuentran más sencillo contar cómo se sienten a un chatbot que hablar con sus padres, docentes o amigos.
La especialista vinculó esta tendencia con la dificultad de encontrar espacios de escucha y acompañamiento en un entorno marcado por la velocidad y la exposición permanente.
Una de las participantes del hostigamiento publicó días después una grabación en la que reconoció las agresiones en el local nocturno. (Captura de video)
La inteligencia artificial suma nuevos riesgos
Entre las amenazas emergentes, la psiquiatra mencionó la posibilidad de utilizar herramientas de inteligencia artificial para generar imágenes o videos sexuales falsos. Estas tecnologías pueden ampliar las formas de exposición y hostigamiento, incluso cuando el contenido no corresponde a una situación real.
Frente a este escenario, la prevención requiere involucrar a las familias, las instituciones educativas y los grupos de pares. La especialista sostuvo que las respuestas no deberían limitarse a apartar a quienes sufren agresiones de los espacios compartidos, sino que deben intervenir sobre las conductas violentas y sobre la dinámica grupal que las permite.
El objetivo es que las víctimas puedan recuperar la seguridad y la confianza, y que las escuelas y otros espacios de socialización sean entornos donde los adolescentes puedan desarrollarse sin hostigamiento ni exposición digital no consentida.
