Los robos de celulares se convirtieron en uno de los problemas recurrentes de los recitales masivos. En medio de las multitudes, especialmente cerca del escenario, los delincuentes aprovechan los momentos de mayor concentración para sacar teléfonos de los bolsillos sin que sus dueños lo adviertan.
El fenómeno volvió a quedar en evidencia durante el recital de Iron Maiden en el estadio de Huracán, al que asistieron cerca de 40.000 personas. Durante el espectáculo, varios asistentes denunciaron el robo de sus dispositivos y, según testigos, al menos dos presuntos ladrones fueron golpeados por integrantes del público.
Sin embargo, el hurto dentro del recital es apenas el primer eslabón de un circuito más amplio: los teléfonos sustraídos pueden terminar en comercios que se dedican a desbloquearlos, repararlos o desarmarlos para comercializar sus componentes.
Los ladrones que actúan entre la multitud
Las investigaciones policiales registraron distintos episodios en conciertos de la Ciudad de Buenos Aires.
En septiembre de 2025, un hombre de 39 años fue detenido durante el recital de Limp Bizkit en el Parque Sarmiento. Llevaba 13 teléfonos escondidos debajo de la ropa e intentó regresar al predio para evitar un control policial.
Un mes después, otros dos sospechosos fueron arrestados durante el show del rapero Ysy A en Mandarine Park. Entre ambos tenían diez celulares.
También hubo cuatro detenidos por hechos similares durante el recital de Milo J en Villa Crespo, en junio de 2025. Uno de los sospechosos llevaba nueve teléfonos al momento de ser interceptado.
Según la investigación periodística, ninguno de los sospechosos mencionados en esos casos había sido condenado hasta el momento de la publicación.
2025: teléfonos robados en el show de Limp Bizkit.
La pista del GPS condujo a una feria de La Matanza
Uno de los casos que permitió reconstruir parte del recorrido de los celulares robados comenzó con la denuncia de un hombre al que le sustrajeron un iPhone 16 durante un recital de Divididos.
El sistema de geolocalización del dispositivo señaló una dirección de Villa Celina, en el partido bonaerense de La Matanza. Otro teléfono denunciado como robado durante un show de Las Pastillas del Abuelo, en Ferro, también habría terminado en la misma zona.
A partir de esas pistas, la Policía de la Ciudad llegó hasta la feria Copacabana, donde funcionaban distintos comercios dedicados a la venta y reparación de celulares.
Durante un allanamiento, los investigadores secuestraron 49 teléfonos, herramientas para reparar dispositivos y otros elementos. Entre los equipos incautados, 34 figuraban en los registros del ENACOM como denunciados por robo, hurto o extravío.
Cinco personas fueron detenidas y procesadas con prisión preventiva por su presunta participación en una asociación ilícita dedicada al hurto y la recepción de bienes provenientes de delitos. También se dispusieron embargos de hasta 20 millones de pesos.
No obstante, el 15 de julio, la Sala V de la Cámara de Apelaciones dictó la falta de mérito para los acusados al considerar que no había pruebas suficientes para sostener la acusación en esa instancia.
Una de las detenidas en la redada de la Feria Copacabana.
Las consecuencias pueden ir más allá del robo
El perjuicio para las víctimas no siempre termina con la pérdida del dispositivo. En uno de los casos vinculados con los robos durante el recital de Divididos, una persona denunció que los delincuentes habrían accedido a su cuenta bancaria y sustraído medio millón de pesos.
También hubo damnificados que relataron intentos de engaño para obtener las claves de sus teléfonos con el supuesto objetivo de devolverles los equipos.
Por eso, los investigadores buscan reconstruir no solo cómo se producen los hurtos, sino también dónde terminan los dispositivos y quiénes intervienen en su posterior comercialización.
¿Quién responde por los robos dentro de los recitales?
El fenómeno también abre interrogantes sobre la seguridad en los espectáculos y la eventual responsabilidad de las productoras y los establecimientos.
Algunas víctimas sospechan que determinados ladrones podrían contar con ayuda para ingresar a los eventos. Sin embargo, la investigación citada por Infobae señala que, en los casos recientes mencionados, no hubo imputaciones contra personal de seguridad por facilitar el acceso de delincuentes.
En cuanto a los reclamos contra los organizadores, uno de los principales obstáculos consiste en demostrar que el celular fue sustraído dentro del predio. La entrada acredita la asistencia al recital, pero no prueba por sí sola dónde ocurrió el robo.
Mientras tanto, algunos boliches porteños comenzaron a implementar controles al salir, que incluyen mostrar el teléfono desbloqueado. La efectividad de esa práctica, sin embargo, no está establecida.
El circuito investigado demuestra que combatir este delito requiere seguir el recorrido de los dispositivos después del hurto y determinar quiénes participan de su recepción, desbloqueo y comercialización.
