La conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva, la membrana transparente que cubre la parte blanca del ojo y reviste el interior de los párpados. Puede provocar enrojecimiento en uno o ambos ojos, sensación de arenilla, lagrimeo y secreciones que, en algunos casos, hacen que los párpados queden pegados al despertar.
Sus causas pueden ser virales, bacterianas, alérgicas o irritativas, como ocurre ante el contacto con una sustancia química o un cuerpo extraño. Aunque generalmente se trata de una afección leve, determinados síntomas pueden indicar un problema ocular de mayor gravedad.
Cómo diferenciar las formas contagiosas de la conjuntivitis
Las variantes viral y bacteriana pueden transmitirse por contacto directo o indirecto con las secreciones de los ojos. En cambio, la conjuntivitis alérgica no es contagiosa, ya que se produce como respuesta a determinados alérgenos o irritantes ambientales.
De acuerdo con las características clínicas descritas por especialistas, la conjuntivitis viral suele provocar ardor, enrojecimiento y secreción acuosa. La bacteriana, por su parte, puede generar una secreción más espesa y pegajosa.
La forma alérgica suele afectar ambos ojos al mismo tiempo y se caracteriza por una picazón intensa, que puede estar acompañada de lagrimeo, inflamación, estornudos o congestión nasal.
Los síntomas no siempre permiten determinar con certeza el origen del cuadro. Las variantes viral y bacteriana pueden comenzar en un ojo y extenderse al otro, mientras que la alérgica suele comprometer ambos desde el inicio.
Entre los factores que pueden desencadenar una reacción alérgica se encuentran el polen, el moho, el humo y el cloro de las piscinas.
Qué medidas ayudan a evitar el contagio
La higiene es fundamental para reducir la transmisión de las formas virales y bacterianas. Algunas de las recomendaciones incluyen:
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Lavarse las manos con frecuencia.
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Evitar tocarse o frotarse los ojos.
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Utilizar toallas y paños limpios.
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No compartir maquillaje, toallas ni productos para el cuidado ocular.
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Cambiar regularmente las fundas de las almohadas.
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Descartar los cosméticos para los ojos que sean antiguos.
Estas medidas cobran especial importancia en hogares, escuelas, guarderías y lugares de trabajo, donde el contacto cercano puede facilitar la propagación de las infecciones.
El lavado frecuente de manos y el cambio regular de toallas ayudan a contener la transmisión de la infección ocular.
Cuándo es necesario acudir a una consulta de urgencia
Aunque muchos cuadros de conjuntivitis evolucionan favorablemente, existen manifestaciones que no deben atribuirse automáticamente a una infección leve.
El dolor ocular, la sensación persistente de tener un objeto dentro del ojo, la visión borrosa o reducida y una sensibilidad marcada a la luz son señales que justifican una evaluación médica urgente.
También es importante consultar cuando los síntomas empeoran, ya que otras afecciones oculares pueden presentar manifestaciones similares a las de la conjuntivitis.
Las personas que utilizan lentes de contacto deben suspender su uso cuando aparecen síntomas. Si no se observa una mejoría entre las 12 y las 24 horas, se recomienda solicitar una evaluación oftalmológica para descartar una infección más grave relacionada con los lentes.
Qué ocurre en los niños y los recién nacidos
La conjuntivitis es frecuente durante la infancia y puede producir brotes en escuelas y guarderías. En los niños, las causas más habituales son las bacterias, los virus y las alergias.
La secreción ocular puede ofrecer algunas pistas sobre el origen: cuando es espesa y de color amarillo o verdoso, aparece con mayor frecuencia en los cuadros bacterianos. En las infecciones virales, en cambio, suele ser acuosa y puede estar acompañada de ardor, sensación de arenilla, fiebre, tos o dolor de garganta.
La conjuntivitis alérgica suele afectar ambos ojos y puede aparecer de manera estacional. La picazón es uno de sus síntomas más característicos y puede presentarse junto con congestión nasal y estornudos.
Los recién nacidos requieren una valoración particular, debido a que pueden desarrollar distintas formas de conjuntivitis, incluidas las de origen químico, bacteriano y viral. Algunas infecciones pueden provocar enrojecimiento intenso, hinchazón y secreciones espesas pocos días después del nacimiento.
Para prevenir la transmisión en el hogar, se recomienda lavarse las manos antes y después de cuidar a un niño con síntomas, cambiar diariamente las toallas y los paños, y limpiar objetos de uso frecuente, como juguetes, teléfonos, mesas y picaportes.
Cualquier alteración de la visión en un niño debe ser evaluada por un profesional de la salud.
