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29/08/2026 - SOCIEDAD
Inseguridad nocturna: cómo el miedo cambia la forma de vivir y recorrer las ciudades
La percepción de inseguridad modifica horarios, recorridos y medios de transporte. Mujeres y hombres también experimentan de manera diferente el temor a circular de noche.


Cuando cae el sol, la percepción de inseguridad puede transformar la manera en que las personas se desplazan por las ciudades. En Buenos Aires y otras grandes urbes, muchas personas modifican sus recorridos, evitan determinadas calles o eligen medios de transporte que consideran más seguros para reducir su exposición.

Según explicó el analista Emmanuel Ferrario, más del 60% de los delitos a nivel global ocurre entre las 22 y las 6, mientras que en América Latina la proporción se ubica en torno al 55%. En Argentina, la incidencia varía según la ciudad: Buenos Aires registra hasta un 40% de los delitos durante la noche, Rosario un 60%, Córdoba un 50% y el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) un 65%.

Ferrario señaló que estos datos surgen de estadísticas oficiales y se complementan con encuestas de Voices y WIN International. Sin embargo, destacó que la noche no afecta a todas las personas de la misma manera, ya que la sensación de vulnerabilidad también depende de la edad, el género y el contexto social.

Mujeres y hombres viven el miedo de manera diferente

Las diferencias entre mujeres y hombres aparecen con claridad en las mediciones sobre percepción de inseguridad. A nivel global, el 46% de las mujeres afirma sentirse insegura al caminar de noche por su barrio, frente al 25% de los hombres.

En Argentina, la brecha se amplía en el AMBA: más del 60% de las mujeres y alrededor del 35% de los hombres manifiestan sentirse inseguros durante ese horario.

En el caso de las mujeres, el temor no está relacionado únicamente con la posibilidad de sufrir un robo. También aparece con fuerza el miedo a sufrir ataques sexuales, especialmente entre las jóvenes y adultas mayores.

Los hombres jóvenes, en cambio, suelen expresar menores niveles de temor, aunque estadísticamente presentan una mayor exposición a determinados delitos nocturnos, como robos y hurtos.

El miedo modifica las rutinas

La percepción de inseguridad tiene consecuencias concretas sobre la vida cotidiana. Evitar determinadas calles, modificar recorridos, esconder objetos de valor o utilizar aplicaciones de transporte para no permanecer en paradas oscuras son algunas de las estrategias adoptadas para reducir el riesgo.

“Empezás a cambiar la manera en que te movés. Dejás de pasar por lugares que decís que son más oscuros”, explicó Ferrario.

De esta manera, el temor termina condicionando el uso del espacio público y puede limitar la libertad de circulación, incluso cuando el riesgo objetivo de sufrir un delito no sea necesariamente elevado.

Tecnología para sentirse más seguro

La tecnología también comenzó a ocupar un lugar en las estrategias para desplazarse de noche. Ferrario mencionó herramientas como el “check in” de Apple, que permite avisar automáticamente a determinados contactos cuando una persona llega a destino. Si no confirma su llegada, el sistema puede enviar una alerta.

También se extendió el uso de AirTag y otras aplicaciones de rastreo, además de las prácticas de monitoreo entre familiares, como una forma de sumar una capa de seguridad durante los trayectos.

Una ciudad iluminada y con movimiento

Más allá de la tecnología, el diseño urbano puede desempeñar un papel importante. Ferrario recuperó el concepto de “ojos en la calle” de Jane Jacobs, basado en la idea de que la presencia de personas y testigos puede contribuir a disuadir delitos.

Para que ese principio funcione, destacó tres elementos: buena visibilidad, iluminación adecuada y ausencia de obstáculos o muros que aíslen a quienes circulan.

En ese sentido, las paradas de colectivo deberían ser transparentes y estar correctamente iluminadas, mientras que la presencia de comercios, peatones y actividad en la vía pública puede contribuir a generar entornos más seguros.

Ferrario también hizo referencia a la teoría de las ventanas rotas, que plantea que los signos visibles de deterioro pueden favorecer una percepción de abandono y contribuir al deterioro progresivo del espacio urbano.

La percepción también construye el miedo

El entorno físico no es el único factor. La experiencia subjetiva puede intensificar la sensación de inseguridad, especialmente cuando una persona llega de noche a una ciudad que no conoce, circula por calles vacías o no tiene referencias claras del lugar.

En esas circunstancias, incluso un espacio objetivamente seguro puede ser percibido como amenazante.

Así, la inseguridad nocturna no solo se relaciona con la cantidad de delitos que ocurren después del anochecer, sino también con la manera en que las personas perciben el espacio y adaptan sus conductas para sentirse protegidas.

 
 

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