A un año del asesinato de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, la investigación cuenta con 16 detenidos y seis prófugos internacionales, pero todavía no pudo determinar con certeza el motivo de los crímenes. Una declaración sostiene que las jóvenes habrían robado droga, mientras otra hipótesis plantea que pudieron haber sido utilizadas como chivo expiatorio dentro de una disputa narco.
La investigación por el triple crimen de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez se encuentra avanzada, pero mantiene un interrogante central sin respuesta: por qué fueron asesinadas.
El expediente reúne 16 detenidos y seis prófugos internacionales vinculados con los asesinatos. Entre los acusados se encuentran Alex Ydone Castillo, señalado como supuesto dueño de la droga de la banda, y Tony Janzen Valverde, alias “Pequeño J”, quien inicialmente fue señalado como el cerebro de la organización y posteriormente quedó ubicado en un lugar secundario dentro de la estructura.
La investigación comenzó con los fiscales de la UFI de Homicidios de La Matanza y continuó en el Juzgado Federal N°2 de Morón, a cargo del juez Jorge Rodríguez y con Ignacio Calvi como secretario, junto con la DDI de La Matanza.
El expediente cuenta con 44 cuerpos de cerca de 200 fojas cada uno, lo que representa casi 9.000 páginas. Entre los últimos detenidos figura David Godoy, un delincuente del Bajo Flores sospechado de haber conducido la Chevrolet Tracker que trasladó a las víctimas hasta una vivienda de Villa Vaettone, donde fueron mutiladas.
Una hipótesis vinculada con droga
Una de las posibles explicaciones surgió del testimonio de Celeste Magalí González Guerrero, una de las detenidas, quien declaró en octubre de 2025 ante el fiscal Carlos Arribas, de la UFI de Homicidios de La Matanza.
Según su versión, las víctimas le habrían robado 30 kilos de cocaína a Víctor Sotacuro, “El Duro”, un remisero del Bajo Flores señalado inicialmente como jefe y que luego perdió posiciones dentro de la estructura investigada.
La misma versión había sido transmitida por González Guerrero a los policías que la detuvieron.
Por su parte, Florencia Ibáñez, sobrina de Sotacuro y también detenida, sostuvo que el conflicto habría involucrado una cantidad mucho mayor: entre 300 y 400 kilos de droga.
Sin embargo, esa explicación deja otros interrogantes abiertos dentro de la investigación: cómo tres jóvenes, una de ellas de 15 años, podrían haber sustraído semejante cantidad de droga a una organización criminal y qué ocurrió posteriormente con esa sustancia.
La hipótesis de que las jóvenes fueron utilizadas como chivo expiatorio
Dentro del expediente también circula otra teoría, según la cual las tres jóvenes podrían no haber tenido ninguna participación en el supuesto robo de drogas.
Una fuente vinculada al caso planteó la posibilidad de que los integrantes de la organización se hubieran enfrentado entre ellos y posteriormente utilizaran a las víctimas como responsables de una situación que no habían provocado.
“Es posible que se hayan mejicaneado entre ellos para después usar a las chicas de chivo expiatorio”, afirmó la fuente.
De acuerdo con esa interpretación, la edad y las circunstancias de vida de una de las víctimas podrían haber sido utilizadas para desviar la atención de la investigación.
Sin embargo, no existe una explicación oficial definitiva sobre el motivo de los asesinatos. Una alta fuente del caso lo resumió de manera contundente: “Nadie lo sabe, nadie lo dice”.
La propia investigación consultó a “Pequeño J” sobre el motivo y, según el texto, su respuesta fue: “No lo sé”.
El vínculo previo con las víctimas
En su declaración, “Pequeño J” afirmó que conocía a algunas de las jóvenes por su actividad en el ámbito de la prostitución del Bajo Flores.
Según su relato, había conocido a Morena y Lara, mientras que aseguró no haber conocido anteriormente a Brenda. Recordó un encuentro en el que conversó con Morena y describió a Lara como una joven que se mostraba “medio asustada”.
El relato también menciona a “El Gordo”, señalado por “Pequeño J” como un presunto integrante de la banda, con quien Lara habría conversado durante aquel encuentro.
Antecedentes de violencia dentro del narcotráfico
El caso también es relacionado en el texto con otros episodios de violencia atribuidos a traficantes peruanos.
Entre ellos aparece “Ruti” Alionzo Mariños, histórico hombre de confianza de “Marcos” Estrada, quien habría intentado vengarse después de quedar fuera del negocio del Bajo Flores.
El episodio mencionado fue la matanza durante la procesión del Señor de los Milagros, ocurrida en octubre de 2005. El tiroteo dejó cinco muertos, entre ellos un bebé de ocho meses.
A diferencia de aquel episodio, en el triple crimen investigado las víctimas fueron mutiladas, mientras que el motivo que desencadenó la masacre continúa sin establecerse de manera concluyente.
