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17/09/2026 - SALUD
Neurólogos de América Latina y Estados Unidos debatieron cómo prevenir el deterioro cognitivo
Especialistas reunidos en Buenos Aires analizaron los resultados de LatAm-FINGERS y U.S. POINTER, dos investigaciones que estudiaron el impacto de combinar alimentación saludable, actividad física, estimulación cognitiva, control cardiovascular y socialización para reducir o demorar el riesgo de deterioro cognitivo.


Comer de manera saludable, realizar actividad física, mantener la mente activa, controlar los factores de riesgo cardiovascular y sostener los vínculos sociales fueron algunos de los ejes de la cumbre internacional de neurología realizada en Buenos Aires.

El encuentro reunió a investigadores de América Latina y Estados Unidos para analizar cómo los resultados de grandes estudios clínicos pueden trasladarse a los consultorios, los sistemas de salud y los espacios comunitarios.

Entre las investigaciones analizadas estuvieron LatAm-FINGERS, desarrollada en 11 países latinoamericanos, y U.S. POINTER, realizada en Estados Unidos.

La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales”, señaló a Infobae Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS.

Los estudios buscaron determinar si una estrategia que combina distintos cambios en el estilo de vida puede proteger las capacidades cognitivas de personas mayores que presentan factores de riesgo, antes de que aparezca una demencia.

América Latina enfrenta un escenario de mayor riesgo

La discusión adquiere especial relevancia en América Latina debido al envejecimiento de la población y a la presencia de factores como hipertensión, diabetes, obesidad y sedentarismo, además de las diferencias en el acceso a la educación y a la atención sanitaria.

Según los datos presentados durante la conferencia, hasta el 45% de los casos de demencia en el mundo podría evitarse o demorarse mediante cambios sobre factores modificables.

En América Latina, esa proporción llega al 54%, mientras que en Argentina alcanza el 60%.

Las cifras no significan que una rutina saludable pueda evitar todos los casos de demencia. Representan, según lo expuesto durante el encuentro, el margen de prevención que existe sobre determinados factores antes de que el deterioro afecte la memoria, la autonomía y la vida cotidiana.

El enfoque de las investigaciones se aleja de analizar cada hábito de manera aislada y busca determinar qué ocurre cuando una persona modifica varios aspectos de su salud al mismo tiempo y mantiene esos cambios durante años.

LatAm-FINGERS: un estudio realizado en 11 países

LatAm-FINGERS fue el primer estudio clínico aleatorizado y multicéntrico de América Latina dedicado a evaluar una intervención multidominio para prevenir el deterioro cognitivo.

La investigación incluyó a 1.065 personas de entre 60 y 77 años residentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay.

Durante dos años, los participantes trabajaron sobre cinco pilares: alimentación saludable, actividad física, control de los factores de riesgo cardiovasculares, entrenamiento cognitivo y socialización.

El estudio recibió financiamiento de la Alzheimer’s Association y sus resultados fueron publicados en la revista científica The Lancet.

Los resultados mostraron una mejora de la cognición global entre quienes participaron de la intervención más sistemática. También se registró una mejora del 55% en memoria, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas.

Un modelo adaptado a la realidad latinoamericana

Crivelli explicó que LatAm-FINGERS tomó como referencia las experiencias del estudio FINGER, desarrollado originalmente en Finlandia, y de U.S. POINTER.

Sin embargo, el programa latinoamericano no buscó reproducir esos modelos de manera idéntica. La intervención fue adaptada a las costumbres, los recursos y las condiciones sanitarias de los distintos países participantes.

“Una dieta saludable no luce igual en todos los territorios, ni las posibilidades de acceso a gimnasios, espacios verdes, talleres de memoria o controles médicos resultan idénticas”, explicó Crivelli.

El estudio contó con dos ramas. Una recibió una intervención estructurada, con contacto frecuente con los equipos de salud y actividades organizadas. La otra recibió recomendaciones guiadas para implementar los hábitos de manera más autónoma.

La investigación también evaluó la posibilidad de aplicar el programa en contextos diferentes. Cerca del 62% de las personas evaluadas para determinar si cumplían los requisitos ingresó al ensayo y el 80% mantuvo un nivel de adhesión entre moderado y alto.

La asistencia global a las actividades fue del 71,6%, mientras que el 84,9% de los voluntarios completó la evaluación final.

El corazón también forma parte de la prevención

Uno de los aspectos destacados durante la cumbre fue la relación entre la salud cardiovascular y la salud cerebral.

La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el exceso de peso y el sedentarismo pueden afectar los vasos sanguíneos que llevan sangre al cerebro.

Por eso, la prevención de infartos y accidentes cerebrovasculares también forma parte de las estrategias destinadas a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.

La propuesta incluye controles de presión arterial, glucosa y colesterol, evaluaciones médicas periódicas y acompañamiento para convertir las recomendaciones generales en hábitos sostenibles.

U.S. POINTER también encontró beneficios

La doctora Rachel Whitmer, de la Universidad de California, presentó los resultados de U.S. POINTER, un ensayo financiado por la Alzheimer’s Association y con estudios complementarios de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

La investigación reunió a 2.111 adultos de entre 60 y 79 años en cinco centros estadounidenses. Ninguno tenía demencia, aunque presentaban condiciones asociadas con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.

El estudio comparó dos niveles de intervención. Un grupo recibió un programa estructurado con 38 encuentros durante dos años, mientras que el otro participó de seis reuniones y recibió información para organizar sus propias decisiones relacionadas con la salud.

Ambos grupos mejoraron su desempeño cognitivo, aunque la mejora fue mayor entre quienes recibieron un acompañamiento regular e intensivo.

El programa estructurado incluyó ejercicio aeróbico cuatro veces por semana, entrenamiento de fuerza dos veces, ejercicios de elongación, actividades de estimulación cognitiva, reuniones sociales, controles de laboratorio semestrales y seguimiento de los factores de riesgo cardiovascular.

Alimentación, ejercicio y estimulación cognitiva

En el aspecto alimentario, U.S. POINTER utilizó la dieta MIND, que combina principios de las dietas mediterránea y DASH.

El esquema prioriza verduras de hoja verde, otras hortalizas, bayas, pescado, legumbres, frutos secos y cereales integrales, mientras recomienda reducir las frituras, los productos ultraprocesados y las grasas saturadas.

La adherencia al programa fue elevada: cerca del 90% de los participantes completó la evaluación clínica final y la asistencia a las reuniones superó el 90% en ambos grupos.

La actividad física registrada alcanzó un promedio de 86 minutos semanales, frente a una meta de 90 minutos. La puntuación media de adherencia a la dieta MIND fue de 11, por encima del objetivo establecido de 9,5.

El análisis cognitivo detectó una mejora superior en el grupo estructurado durante los dos años del estudio. El efecto se observó tanto en personas con como sin la variante genética APOE4, asociada con un mayor riesgo de Alzheimer.

Los investigadores estimaron que el beneficio equivalió a demorar entre uno y dos años el envejecimiento cognitivo. El resultado no plantea el estilo de vida como reemplazo de los tratamientos médicos ni como una garantía individual contra la demencia, sino como una herramienta preventiva que puede complementar la atención clínica.

El desafío: llevar los resultados a los barrios

Uno de los próximos desafíos consiste en trasladar estos modelos desde los ensayos clínicos hacia hospitales, centros de día, obras sociales, barrios y programas públicos.

El profesor David Aguillón, de la Universidad de Antioquia, presentó en Buenos Aires un plan de 18 meses destinado a aplicar el programa multidominio en tres entornos comunitarios para personas mayores de 60 años con riesgo metabólico o cardiovascular.

La iniciativa contempla identificar instituciones que ya trabajan con adultos mayores, fortalecer esas propuestas y generar una red de prevención que pueda ampliarse.

El proyecto incluye la selección de la población prioritaria, la adaptación local de los protocolos y la elaboración de un plan de sostenibilidad. También se analizarán los costos, la infraestructura, la capacitación, la participación comunitaria y las posibles formas de financiamiento.

La experiencia presentada en Buenos Aires plantea así un desafío que va más allá de las decisiones individuales: lograr que el acceso a controles cardiovasculares, espacios para realizar actividad física, alimentación saludable, estimulación intelectual y socialización forme parte de estrategias de prevención sostenibles.


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