Un estudio realizado en Australia con 365 jóvenes de entre 10 y 15 años encontró que quienes comenzaron a utilizar redes sociales a edades más tempranas presentaban más síntomas de ansiedad y depresión. Los resultados fueron obtenidos poco antes de que entrara en vigor la restricción para menores de 16 años.
La edad de inicio aparece como un factor relevante
Una investigación publicada en JAMA Network Open analizó el vínculo entre el uso de redes sociales y la salud mental de adolescentes australianos. El trabajo evaluó a 365 jóvenes de entre 10 y 15 años, con una edad promedio de 12,8 años.
Los datos fueron recopilados entre el 25 de octubre y el 9 de diciembre de 2025, durante las seis semanas anteriores a la entrada en vigor de la normativa australiana que restringió el acceso de menores de 16 años a plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat y TikTok.
Entre los participantes, el 70% había utilizado redes sociales alguna vez, mientras que cerca de la mitad contaba con una cuenta propia. La edad media del primer uso fue de 11 años.
El principal hallazgo fue que cuanto menor era la edad en la que comenzaban a utilizar redes sociales, mayores eran los síntomas de ansiedad y depresión.
Qué encontraron sobre ansiedad y depresión
Los investigadores observaron que los adolescentes que habían utilizado redes sociales alguna vez presentaban más síntomas de ansiedad que aquellos que nunca las habían utilizado.
Además, tener una cuenta propia también se relacionó con mayores niveles de ansiedad.
En el caso de la depresión, la asociación con haber utilizado redes sociales estuvo presente, aunque tener una cuenta propia no mostró una relación igual de clara.
Un metaanálisis amplió la escala del problema
El estudio australiano se suma a investigaciones anteriores que analizaron el fenómeno en poblaciones mucho más grandes.
Un metaanálisis internacional reunió datos de 153 estudios longitudinales y más de 363.000 niños y adolescentes. Sus resultados encontraron asociaciones persistentes entre el uso de redes sociales y mayores riesgos de depresión, ansiedad, autolesiones y dificultades socioemocionales.
La relación fue particularmente evidente entre los 12 y 15 años, una etapa marcada por importantes cambios del neurodesarrollo.
Mientras que ese trabajo ofrece una perspectiva amplia, la investigación australiana permite observar con mayor detalle la edad en la que comienza la exposición a las plataformas.
Australia restringió las redes sociales para menores de 16 años
El estudio también adquiere relevancia por el contexto en el que fue realizado. Australia implementó una normativa que exige a las plataformas adoptar medidas razonables para impedir que menores de 16 años tengan una cuenta.
El debate alrededor de la medida estuvo relacionado, entre otros factores, con la preocupación por la salud mental de los adolescentes, la comparación social y la exposición a contenidos inapropiados.
Sin embargo, las redes sociales también ocupan un lugar importante en la vida cotidiana y las relaciones de muchos jóvenes, lo que generó posiciones divididas respecto de la restricción.
La mayoría planeaba seguir utilizando las plataformas
Uno de los resultados más llamativos fue la respuesta de los propios adolescentes frente a la nueva normativa.
Solo el 25% de los participantes afirmó que dejaría de utilizar completamente las redes sociales después de la entrada en vigor de la restricción. En cambio, el 75% manifestó que tenía previsto continuar utilizándolas de alguna manera.
Los investigadores tampoco encontraron una relación clara entre los niveles de ansiedad o depresión y la intención de cumplir con la normativa. Es decir, esos síntomas no parecieron determinar si los adolescentes planeaban respetar la restricción o buscar alternativas para continuar utilizando las plataformas.
Las limitaciones del estudio
Los autores señalaron varias limitaciones. La investigación se realizó con adolescentes urbanos de un nivel socioeconómico relativamente alto, por lo que los resultados no necesariamente pueden generalizarse a toda la población.
Además, el trabajo analizó las intenciones de los participantes antes de la implementación de la norma, pero no sus comportamientos reales después de que comenzara a aplicarse.
Por eso, los investigadores consideran necesario continuar estudiando qué ocurre cuando la regulación esté más asentada y determinar si efectivamente modifica la exposición a las redes sociales y los indicadores de salud mental.
En conjunto, los resultados refuerzan una cuestión que aparece cada vez con mayor frecuencia en las investigaciones: el debate sobre las redes sociales no se limita al tiempo de uso o a tener una cuenta, sino también a la edad en la que comienza la exposición.
