El Tatengue se impuso 3 a 2 en el Cilindro y escaló al cuarto lugar de la Zona A. La Academia, que cosechó el peor arranque de su historia como local, quedó anteúltima.
La última vez que Racing había jugado en Avellaneda, el final de la película fue épico. En una serie cargada de dramatismo ante Peñarol, por la Copa Libertadores, la Academia había obtenido sobre la hora el pasaje a los cuartos de final del máximo certamen continental. Paradójicamente el Cilindro, epicentro de aquella secuencia de júbilo a nivel internacional, también se transformó en el sitio en el que cualquier rival llegaba y se impone en el torneo doméstico. Si la Copa es un sueño, el Clausura se convirtió en la pesadilla de la Academia.
Con una racha inédita en más de 90 años, Racing perdió todos sus partidos en condición de local desde que arrancó el certamen doméstico: luego de las caídas con Barracas Central (1-0), Estudiantes (1-0) y Tigre (2-1), acumuló un nuevo golpe ante Unión, que lo venció 3-2 y volvió a desnudar todas las falencias que tiene el vigente campeón de la Copa Sudamericana y Recopa.
