Sábado 01 de Agosto de 2026







 01/08/2026 - POLICIALES
El caso del depredador serial de Quilmes: El actuar del hombre que raptaba, violaba y robaba a adolescentes

Sebastián Abel Figueroa (40) fue sentenciado recientemente a 30 años de prisión por cuatro ataques cometidos entre 2010 y 2013 en Ezpeleta Oeste. Su identificación fue posible gracias a pruebas genéticas, tras haber quedado registrado en el banco de datos por una condena anterior por abuso en 2015.


En 2016, Sebastián Abel Figueroa, marplatense de 40 años y vecino de Ezpeleta Oeste, fue condenado a 3 años de prisión en suspenso por abuso simple en concurso con privación ilegítima de la libertad, tras un hecho ocurrido un año antes. Pasó el tiempo y en noviembre de 2023 fue detenido por otra causa. Una coincidencia en el Banco de Datos Genéticos de la Suprema Corte de Justicia bonaerense reveló que aquel episodio de 2015 no había sido un caso aislado: detrás de su nombre, las autoridades hallaron un patrón de delitos sexuales y robos cometidos durante años en el partido de Quilmes.



Con pruebas irrefutables, ese expediente avanzó y desembocó en una segunda condena: el pasado 7 de julio, el Tribunal en lo Criminal N°1 de Quilmes le impuso 30 años de prisión, en un debate que contó con intervención de la fiscal María de los Ángeles Attarian Mena.



Los jueces Fernando Ernesto CelesiaMaría Cecilia Maffei y Analía Verónica Reyes consideraron probada una secuencia de cuatro ataques sexuales y robos, perpetrados entre 2010 y 2013, que afectaron a adolescentes y jóvenes adultas. Cada hecho fue reconstruido a partir de los relatos de las víctimas, informes médicos y muestras genéticas.



Cuatro ataques, un mismo modus operandi


El primer hecho ocurrió una mañana de julio de 2010, cuando una joven de 18 años se dirigía a su trabajo en Quilmes. Eran cerca de las ocho de un domingo y la adolescente caminaba por la calle cuando advirtió que un hombre la seguía. Al alcanzarla, la sorprendió pidiéndole la mochila. La víctima se la entregó, pero entonces el abusador la abrazó y le colocó un cuchillo en el cuello: “Acá no”. Así la obligó a caminar bajo amenaza durante ocho cuadras hasta una escuela, donde abusó de ella.



El calvario se extendió por más de dos horas. Durante ese tiempo, el agresor la intimidó con el arma y le habló sobre aspectos personales, demostrándole que conocía detalles de su vida. Antes de dejarla ir, la amenazó: “Me dijo que todo había sido mi culpa y que si contaba algo iba a matar a mi hermano”.



La víctima relató luego que, tras ese episodio, atravesó un largo proceso de aislamiento, insomnio y miedo a salir de su casa. “Estuve dos años sin poder salir”, resumió sobre las consecuencias que dejó el ataque.




La menor regresó a su casa cerca de las dos de la madrugada. Su madre recordó la escena: “Tenía todo el cuerpo golpeado, los brazos, golpeada la cara, las piernas, toda raspada, tenía pasto y tierra. Lloraba mucho”. Desde entonces, la adolescente evitó hablar sobre lo que había pasado, por miedo a represalias.















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