Investigaciones citadas en el ámbito de la psicología de las relaciones advierten que exigir demasiado a una pareja puede aumentar la frustración y debilitar la estabilidad del vínculo. En cambio, mantener estándares firmes sobre el respeto, la lealtad y el buen trato puede contribuir al bienestar emocional.
Las expectativas afectivas crecieron en las últimas décadas y, con ellas, también aumentó la presión sobre las relaciones. El psicólogo social Eli J. Finkel, de la Universidad Northwestern, analizó esta transformación en su libro The All-or-Nothing Marriage.
Según sus planteos, el matrimonio dejó de estar centrado principalmente en necesidades como la seguridad, la estabilidad económica y la compañía para ocupar un lugar asociado también con la realización personal y el desarrollo individual.
Este cambio puede generar relaciones más satisfactorias, pero también puede volverlas más frágiles cuando las expectativas superan los recursos disponibles de tiempo y energía.
El problema aparece cuando se espera que una misma persona sea simultáneamente pareja, mejor amigo, confidente, consejero profesional, compañero de viajes y principal estímulo intelectual.
Frente a esta situación, diversificar la red de apoyo mediante amistades y vínculos familiares puede reducir la presión depositada exclusivamente sobre la pareja y favorecer una relación más estable.
El impacto de las exigencias poco realistas
Una investigación longitudinal publicada en la revista Personal Relationships analizó la diferencia entre tener estándares elevados sobre el trato dentro de una relación y establecer requisitos poco realistas para encontrar pareja.
Según el trabajo, las personas cuyos criterios para elegir un compañero o compañera estaban desproporcionadamente alejados de su propia posición en el mercado afectivo mostraron un 13% menos de interés en concretar citas y una menor probabilidad de casarse con su pareja actual.
Esta diferencia entre las expectativas y las posibilidades concretas se relacionó con mayores niveles de insatisfacción y con rupturas tempranas.
La cuestión, por lo tanto, no sería simplemente tener estándares altos, sino qué tipo de estándares se establecen y hasta qué punto son compatibles con la realidad de una relación.
La calidad de los vínculos depende menos de una idea de perfección que de criterios realistas para evaluar compatibilidades, límites y formas de trato. (Imagen Ilustrativa)
No es lo mismo exigir respeto que buscar una pareja perfecta
Los estudios citados también establecen una diferencia importante entre las exigencias relacionadas con el comportamiento y aquellas vinculadas con características personales.
Investigaciones asociadas al Instituto Gottman y al psicólogo Donald Baucom, de la Universidad de Carolina del Norte, señalan que establecer estándares sobre el trato interpersonal puede favorecer relaciones de mayor calidad.
Respeto, amabilidad, lealtad y rechazo al maltrato forman parte de límites que pueden resultar fundamentales para el bienestar dentro de una pareja.
En cambio, pretender que la otra persona coincida en absolutamente todo, no tenga defectos, comparta todos los intereses o responda permanentemente a las expectativas personales puede transformar la búsqueda de compatibilidad en una búsqueda de perfección.
El efecto de las aplicaciones de citas
Las plataformas digitales modificaron también la manera de conocer potenciales parejas. La gran cantidad de perfiles disponibles puede generar la sensación de que siempre existe una alternativa mejor a pocos movimientos de distancia.
En ciudades como Buenos Aires o Nueva York, la posibilidad de acceder constantemente a nuevos perfiles puede favorecer una selección basada en listas cada vez más extensas de requisitos.
Ante el primer desacuerdo, diferencia o característica que no encaja con las expectativas, puede aparecer la idea de que existe otra persona más compatible esperando en la plataforma.
Esta dinámica puede alimentar la insatisfacción y el descarte rápido, especialmente cuando se busca una coincidencia sin fisuras.
El equilibrio entre límites y flexibilidad
La evidencia presentada plantea una diferencia central: hay aspectos en los que conviene mantener límites firmes y otros en los que resulta necesario ser flexible.
La seguridad emocional, la comunicación transparente, el respeto y la resolución adecuada de los conflictos forman parte de los ámbitos donde los estándares pueden ser elevados.
En cambio, los rasgos de personalidad, los pasatiempos, las pequeñas manías y determinados proyectos individuales pueden admitir diferencias.
El desafío consiste entonces en no confundir autoestima y límites saludables con una exigencia de perfección. Una relación puede sostenerse sobre valores firmes sin requerir que dos personas sean idénticas o que una sola persona satisfaga todas las necesidades emocionales, sociales y personales de la otra.
