¿Qué hace, en la práctica? El microrobot fue diseñado para trabajar en forma autónoma al sumergirse en un fluido. El avance central en este desarrollo es que, a pesar de su reducido tamaño, está equipado con un procesador, memoria, sensores y un sistema de propulsión, tal como se detalla en un artículo recientemente publicado en la revista especializada Science Robotics.
Esta tecnología es totalmente programable: emplea células solares que generan unos pocos nanovatios de energía. Una de sus funciones es la medición de la temperatura del fluido en el que se mueve, con la capacidad de comunicar el dato mediante movimientos sutiles.
Así luce el pequeñísimo robot, en esta imagen junto a la fecha grabada en una moneda.
Para navegar en fluidos, esta máquina minúscula no se vale de piezas móviles, que serían demasiado pequeñas y frágiles. En cambio, funciona generando un campo eléctrico que crea un flujo de moléculas a su alrededor y, en tanto, movimiento.
“Es como si el robot estuviera en un río en movimiento, pero también provocando el movimiento del río”, explicó Marc Miskin, de la Universidad de Pensilvania. “Demostramos que se puede incorporar un cerebro, un sensor y un motor en algo tan demasiado pequeño como para verlo, y lograr que sobreviva y funcione durante meses”, celebró.
Este ingenio se suma a los avances en microrrobótica, un área con grandes promesas. Una de las principales ventajas es el eventual uso dentro del cuerpo humano, empleando la sangre como medio para administrar medicamentos y monitorear posibles enfermedades de un modo revolucionario en el ámbito de la medicina.
















